El otoño ha llegado perezosamente entre las suaves melodías matutinas de Radio 3. Yo lo espero, perenne en esta habitación de temperatura extrema, acurrucada en una silla roja mientras como galletas de chocolate y té Earl Grey con demasiado edulcorante. Tengo un post sobre el maravilloso Londres rumiando en el disco duro del pc de mi piso, pero también tengo una buena excusa para no subirlo: la semana que viene tendré wifi allí y por fin seré vuestra cuando sea necesario...
Anoche volví a hacer algo que no debía. Por ejemplo, subir al House Café (garito chill out que está en medio de la sierra con camas donde te tiras mientras te tomas algo y te relajas) para ver las estrellas y tomarme una cerveza mientras me acurrucaba entre la gente como podía sin hacerles daño con mis pulseras de pinchos y mi nueva diadema negra de niña pequeña. Algo normal que puedas hacer cuando no tienes gripe, claro... Pero aún así mereció la pena, y acabé viendo Equilibrium (que compré original en la Virgin Megastore de Picadilly, la mejor compra que he hecho en mucho tiempo) como en los buenos tiempos, con una mantita y un bol de helado mientras afuera comenzaban a caer las hojas marrones de los árboles. Qué ganas tenía de que llegara esta estación...
Supongo que este es un post para confirmar que sigo viva pese a las adversidades (que las hay, pero también hay quienes ayudan a que no te ahogues en ellas), y que tenía ganas de limpiar un poco las telarañas de esta casa que comienza a oler a muebles antiguos y habitaciones cerradas. Aunque probablemente ya habréis dejado de visitar esta web porque soy una vaga sin alma (que ya se la doné a quien me regaló mi primer ramo de tulipanes, después de meses dando por saco en la empresa para que alguien me los comprara! xD) que debería cambiar el diseño de este maldito blog de una vez por todas.
Y lo haré. Pero todo a su tiempo, jóvenes padawanes.