miércoles, octubre 04, 2006

soy esa absurda epidemia que sufren las aceras

Llevo desde el domingo dándole vueltas a la cabeza, intentando crear en mi mente un post que narre el domingo por la noche como Lennon manda. Al menos mínimamente como se merece, claro. Pero no puedo, soy incapaz de expresarlo con palabras. Hay veces que la emoción te embarga de una manera que no eres capaz de describir, y no hace falta que sea algo importante. Algo tan nimio como una melodía, un aroma, un sonido o una imagen puede ponerte los pelos de punta y hacer que se te salten las lágrimas... Insistiendo en algo que conté el último post, si habéis visto Equilibrium nada mejor que la escena en la que Preston escucha por primera vez a Beethoven para hacer un símil de lo que me sucedió esa noche.

Y es que yo nunca esperaba llegar a ese momento en mi vida. Poder cantar canciones que llevo escuchando en mi casa desde que era un moco, y que me trae tantos o más recuerdos que los Beatles. Evidentemente hablo del concierto que dio Joaquín Sabina en Granada (pospuesto del sábado a ese día "por problemas de menopausia, que no de la leyenda blanca", según él).

Supongo que, dada mi conocida naturaleza anglófila, muchos no sospechábais que me pudiera gustar un cantante español. Pues muy equivocados estáis, ¿eh? Una cosa es que casi todo lo que salga de este país me resulte un coñazo supino, pero hay cosas (sobre todo ese tipo de artistas como Sabina, Los Secretos, Luz Casal, Triana, Barón Rojo y muchísimos grupos de rock ochentero) que no sólo me gustan sino que recito con enorme cariño. Son canciones que no sólo me recuerdan a mi infancia, sino que si me concentro lo suficiente puedo recordar colores e incluso olores. Cantar 'Juana la Loca' a grito pelado mientras mi tío se preparaba para salir de fiesta en la época en que yo vivía en la casa de mis abuelos maternos. El día en que mi padre le regaló a mi madre el cassette de 'Física y Química' por su cumpleaños y yo no entendía qué significaba eso de "nos sirvió para el último gramo el cristal de su foto de bodas" de 'Peor para el Sol' en la época en que nacieron E&M y yo no paraba de hacer videoclips mentales con todo lo que escuchaba. Cómo se me encogió el estómago la primera vez que oí 'Siete Crisantemos' en el descacharrado reproductor de CD que reinaba en mi casa desde hacía siglos.

Pero lo que sí no me esperaba era poder escuchar todas esas cosas en vivo. Delante de mis narices, de lleno en mis tímpanos. Ver a ese señor, paisano de mi padre y que también estudió en Granada (como mi padre y yo, aunque él sea poeta y mi padre se convirtiera en científico loco xD) y escuchar su voz en directo en lugar de por los auriculares. Es indescriptible. Como lo es también los saltos que pegué con 'La del pirata cojo' o que me echara a llorar en 'Calle Melancolía' (Joaquín, lo hiciste aposta, yo lo sé...).

Y ahora vuelvo a sentir como si todo lo hubiera vivido hace siglos, en mi vida anterior...

Y ya se acabaron las vacaciones. Bueno, más bien entre comillas. Mañana comienzo las clases del doctorado y las espero con tanta emoción como inquietud. Ya os contaré qué es lo que se siente como alumna de postgrado... :)

Aldery dixit 2:11:00 PM

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