Acabo de terminar La muñeca de Pekín de Chun Sue, una precoz escritoria china. Últimamente paso mucho tiempo sentada en el suelo frente a la reducida zona de literatura oriental de la Biblioteca Provincial. No sé si tiene que ver con que este cuatrimestre esté estudiando a la vez Civilización China y Japonés, pero la cuestión es que tal y como me ha sucedido siempre, he tomado el tema con ansia y no pretendo dejarlo, así que...
Ah, El libro. Escrito de la manera poética y minimalista como sólo los chinos son capaces de escribir (si leéis literatura china contemporánea entenderéis a qué me refiero), me ha hecho odiar y amar a la vez a la protagonista. Ella, que es la propia escritoria, relata en primera persona cómo ha sido el paso de la adolescencia a la juventud en una sociedad que, aunque poco a poco se va liberalizando, sigue estancada en un charco de machismo e incomprensión hacia los jóvenes 'rebeldes' que deciden escaparse del camino del que les han colocado desde el momento en que nacieron.
Chun Sue es una de esas rebeldes sin causa aparente, al menos para sus progenitores. La he odioamado a ratos, quizá porque tiene numerosos momentos de drama queen que dan ganas de meter la mano en el libro, pegarle un par de capirotes en el cocorote y chillarle "pero tía, ¡¡reacciona!!". Sin embargo, diré esto con la boca chica porque, a pesar de los numerosos defectos que no tiene miedo alguno en mostrar (es mezquina, borde, superficial, un poco loca, excesivamente soñadora y surrealista cuando le da por ahí) uno se siente identificado con ella. Bueno, al menos yo, que vivo la música con la misma intensidad que ella, que sueño con poder cantar en un grupo mediocre en garitos de moda, que ahorra para comprarse unas Converse de color llamatidvo (yo voy tras unas moradas...), un nuevo set de maquillaje o una colonia de marca.
Y, sin embargo, más allá de toda esa apariencia típica de las tribus urbanas que, como dice mi sabio padre, viven empeñadas en mostrar al mundo el mejor uniforme que les haga decir "eh, aquí estoy yo y soy punkie/gótica/popera/rapera/whatever"; más allá de la típica frialdad de los 'entendidos en el tema' que miran por encima del hombro a aquellos que consideran inferiores y vulgares... Chun Sue sobresale de entre todos ellos por ser una buscadora de almas. En todo momento lucha por encontrar a esa persona que sea capaz de sostenerla y comprenderla por completo sin pronunciar palabra, tan sólo con un ligero pestañeo. Una persona capaz de arriesgar todo cuando tiene y desea por un momento a su lado. El libro transcurre a lo largo de todas esas almas que ella roza y que no llegan a llenarla por completo... desde compañeros de grupos, amigos de clase, amigos por teléfono, un desconocido que se topó en un concierto...
Supongo que me identifico mucho con esa esencia del libro, la de buscadora de almas. En el fondo soy otra cínica caprichosa como ella (hey, el primer paso es reconocerlo :P), pero aún me queda algo de romanticismo como para esperar ese familiar chasquido que suena cuando dos almas conectan. Lo pletórico que puedes llegar a sentirte en ese instante, la paz que te inunda, no puede ni siquiera describirse con palabras... Es algo único, y afortunadamente lo he vivido más de una vez gracias a varios de vosotros :)
Y luego, para finalizar, queda la parte angustiosa de Chun Sue, algo que ella ya ha alcanzado. Ella anhelaba ser escuchada, poder llegar a ser alguien gracias a sus escritos. Quería ser mucho más que una simple columnista en una revista de moda... y, mirad por donde, lo ha conseguido.
Yo sigo mientras tanto estancada a los 22, preguntándome qué coño hago con mi vida y tirándome de los pelos porque a mi edad mucha gente ya había triunfado. Muchos ya habían sacado discos de éxito, escrito libros increíbles o protagonizado películas de esas que quitan el aliento. Y me acuerdo de John Lennon, de Timothy Hutton o de esta pequeña Chun Sue (aunque ya no tan pequeña ^^), incluso de mi maravillosa Marina que el otro día asistí a su primera lectura en público y, que quede entre nosotros, esta niña está destinada a ser algo grande. Lo sé porque cuando la escuché sentí el cosquilleo que sólo se siente cuando algo emocionante está sucediendo...
Así que... en fin. Yo no seré buena escritora, ni siquiera una traductora excelente. Sólo canto bien a medias y no tengo cuerpo de modelo. No puedo ser 'la muñeca de Granada'. Pero, aunque suene paradójico tras ese último párrafo, me siento bien dentro de mi mitad y mitad. Ya dijo Aristóteles (que me cae como el culo pero aquí tiene más razón que un santo) que la perfección se haya en el equilibrio, y ya que yo no me encuentro en ningún extremo de nada (ni tanto ni tan poco) creo que puedo considerarme satisfecha...
Y, sí, este es el tipo de cosas que se aprenden leyendo un puñetero libro. Para que luego digan.