miércoles, julio 27, 2005
It's just the same old blues, every night!
Me encanta despertar a los viejos fantasmas y, de vez en cuando, sacarlos a pasear. Por eso, cuando mi padre dijo de pasar un fin de semana en Torreperogil para aprovechar que iríamos al BluesCarozla, dije que sí casi inmediatamente.
Hacía años que no íbamos por allí, concretamente desde que nos dejaban nuestros padres en Septiembre en casa de mi tía con unas primas segundas para pasar la fería. Según el cuaderno que usaba para escribir y dibujar de esa época, la última vez que estuvimos fue cuando yo tenía 14 años. Y fue entrar en esa casa, dejar la maleta en la habitación y aspirar ese familiar aroma a naftalina que la impregna... y fue como volver a atrás muchos, muchísimos años, concretamente a cuando yo era una enana y lo que más era capaz de andar sola era a la confitería de enfrente a comprarme un polo de limón y otro de menta para mi hermana.
El pueblo tiene un cierto encanto con sus plazas, el prao, la escarihuela, las famosas Torres Oscuras (acondicionadas como auditorio donde, por cierto, tocará este mes que viene Isamel Serrano entre otros), los jardines con columpios contiguos a La Virgen, los enormes caserones abandonados de los señoritos, la panadería donde se compran las tortas típicas del pueblo recién hechas y los ochíos (una especie de bollos con pimentón que están buenísimos). También descubrí la famosa fábrica de la luz, en la que han puesto un cartel que reza "la luz visitó por primera vez a este pueblo a través de estas farolas el 1 de Marzo de 1905". No os podéis ni imaginar la sensación de vértigo que leer ese tipo de cosas y pasar las yemas de los dedos por esos muros que en su momento hicieron historia.
También recordé la feria, con sus atracciones. Los lugares donde íbamos, ya más mayores, cuando no teníamos que dar explicaciones a nuestros padres (una de las ventajas de los pueblos, por eso la gente de las capis lo flipan cuando les digo que nunca jamás he tenido hora de volver y he podido hacer lo que me diera la gana).
Sin embargo, me llevé un chasco tremendo. Iba con la ilusión de visitar una casa, la de mi tía C que ahora vive en Granada (aunque apenas pase tiempo allí porque ya está viejita). Esa casa despierta muchísimos recuerdos en mí y suele aparecérseme entre sueños multitud de veces. Es como si una parte de mí quisiera quedarse en aquella casa para siempre. Esa casa, con una pequeña puerta azul, tenía algo. Y cuando digo "algo" no me refiero al encanto. Es ese tipo de premoniciones extrañas que me sobrevienen a menudo y que tienen mucha importancia (no en vano hubo un episodio en esa casa un tanto estrambótico que prefiero no relatar porque hay ciertas cosas que es mejor no saber).
Tenía tres pisos, con una escalera de caracol, y en el último de ellos sólo había una habitación oscurecida y un cuarto de baño. Me aterraba subir a ese último piso y, a la vez, era un morboso instinto el que guiaba a mis pequeños zapatitos por esas escalinatas sin encender la luz (por entonces Samara no había entrado en mi vida y yo era una chiquilla temeraria). Deseaba por dentro que algo sucediera, que se cayera una pelotita por las escaleras como en una famosa película de terror de los años 80. Esa casa susurraba por las noches, en el silencio, y yo lo sabía.
Pues, al pasar por la calle, descubrí con horror que han tirado la casa por completo. En su lugar han edificado un edificio nuevo de dos plantas, feísimo. Se me apagó el corazón al ver aquello. Siempre pensé que aquella casa existiría por siempre... y ahora sólo puede susurrarme en sueños.
Respecto al BluesCazorla, he de decir que vengo plenamente satisfecha. Acudimos a un concierto de los de la tarde (que eran gratis), pero lo verdaderamente importante era lo que aconteció en la plaza de toros por la noche hasta las 6 de la mañana. Mavis Staples y su mezcla de blues, jazz, gospel y soul (qué gran mujer, y no en el sentido físico de la palabra, aunque eso también... se ponía a hablar entre canción y canción con su encantador acento sureño, contando anécdotas de su infancia como una chica negra de Mississippi y todo lo que tuvo que pasar...). Robert Cray, virtuoso de la guitarra aunque mosqueó a sus incondicionales porque al parecer sólo tocó temas de sus últimos discos. A mí me pareció un tipo muy correcto, educado a más no poder y con un estilo que a veces recuerda al de Eric Clapton. Impresionante. Luego el showman de la noche, Lucky Peterson, que lleva metido en esto desde los 5 años y ofreció un espectáculo digno de verse (hasta el punto de ponerse a tocar en el foso del público, hace falta valor) con esa mezcla de blues clásico con funky (tocó el órgano y la guitarra... para mí fue el mejor de toda la noche porque se portó DPM). Finalmente los barceloneses The Lacy Jumpers, que recordaban al blues de los años 40 o 50 (¡hasta tenían un contrabajo!), a los que tuvimos que dejar a la mitad porque ya no podíamos con el cansancio (y porque el cantante iba un poco de sobrado cuando en realidad metió más de un gallo xDDDD).
Por supuesto, tengo alguna anécdota que contar. Y es que, mientras disfrutábamos de Robert Cray, vi a Julian (mi excelvilloso profesor y número dos en mi lista de amores platónicos académicos xD) entre el público. ¡Le gusta el blues! Cada vez veo a ese hombre más perfecto, de verdad, ¡si hasta bailaba y todo! Desde luego, me dio la alegría de la noche xDDD
Finalmente volvimos, muertos de cansancio y escuchando The Cure (porque hice un disco tipo Alta Fidelidad para mi padre, que ya sabéis que disfruto haciendo esas cosas). Nos pararon los guardias civiles a la salida del pueblo y en principio pensamos que era para hacer alguna prueba de alcoholemia... pero no. Resulta que era por todo el lío de los atentados. Madre mía... :S
Aldery dixit 8:31:00 PM
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