Ya se me había olvidado lo que eran los exámenes de Traducción, con sus cuatro horas y media divididas en bloques de dos horas con recreo de media hora por si quieres suicidarte por el calor, comer para combatir a la lipotimia o ir al WC. En cada bloque un texto diferente, y ayer fueron un texto jurídico de 10:00 a 12:00 (un poder notarial para un matrimonio que quiere adoptar a un niño indio. Traducción en inglés, por supuesto), y otro comercial de 12:30 a 14:30 (una convocatorio para una Junta General anual de una empresa de fomento).
Ayer me planté en la facultad a las 9:30, fingiendo que no estaba nerviosa y haciendo coñas como es tradicional en mí. A la espalda dos pedazo de diccionarios especializados y un tocho de textos paralelos. En brazos, mi hijo predilecto: el Oxford bilingüe. Con los nervios hasta se me olvidó llevarme útiles de escritura (menos mal que mi ángel de la guarda llevaba pilots de sobra, cargó con los diccionarios hasta la puerta de la facultad y soportó mi retahíla de frases sin sentido previas a un examen) y no me llevé ninguna botellita de agua para combatir al calor (menos mal que sí me llevé barritas energéticas, que me devuelven la vida milagrosamente xD).
Por lo general soy una remolona y aprovecho las horas de examen por si tengo una iluminación divina a última hora (por lo general suelo tirarme la primera media hora de los exámenes de traducción en blanco hasta que me inspiro, y la dedico a rebuscar palabros en los diccionarios y mirando los textos paralelos con la esperanza de toparme uno parecido en la lengua meta), pero ayer incluso me di prisa en pasar tres veces a limpio los puñeteros exámenes (sí, la profesora quiere exámenes limpitos, con márgenes, letra bonita y sin tachones, así que siempre hago dos borradores antes de pasar a limpio: el primero con errores, el segundo con despistes y el tercero el definitivo ^^U). Hicimos examen en común, claro, al menos con la parte jurídica que era tela de difícil y había cosas que en fin... (yo tuve dos errores importantes: que corregí una cosa que no tenía que corregir y utilicé un false friend v.v). En el económico no, porque pillé un texto paralelo en inglés que seguía la misma estructura que el español del examen y lo copié casi entero xD A ver si cae la breva xD
El recreo lo dediqué a devorar mis barritas de Frostis mientras mis amiwitos discutían sobre Fórmula 1 y votábamos democráticamente para ver si hacemos la cena el viernes o el sábado (ya que la mayoría de los que nos juntamos no fuimos a la cena oficial de la promoción, preferíamos hacerlo por nuestra cuenta en un sitio más... ¿cómo decirlo? BARATO).
Finalmente, como era de esperar, a las 14:30 nos apalancamos en el chino-japonés que hay por San Antón. Comimos sushi y un montón de comida tradicional que pidió MA, que por algo se está especializando en traducción de chino. Me sorprendió que la comida fuera tan amena. Es decir, yo por lo general en las reuniones sociales me salta lo que Adhi denomina como el "síndrome kdd". Es decir, no hablo mucho, no hago coñas y actúo con timidez. Ayer, sin embargo, todo fue como la seda. Me sentí muy agusto entre esta gente con las que he estado haciendo trabajos en grupo (este año no, que soy la exiliada xD) y haciendo "exámenes en común". Gente, como las dos Marías, con las que me llevo juntando incondicionalmente desde primero de carrera.
Lo cierto es que cuando suceden estas cosas me siento muy feliz y agusto, ya que en mi clase soy muy despegada y no me llevo con la mitad de la gente... En la comida (y luego tomando un helado de chocolate blanco en Casa Ysla) me sentí... uhm... quizá "aceptada" es la palabra que mejor lo defina. Con gente con la que, aunque no tenga muchas cosas en común fuera de lo profesional o académico, comparto muchas inquietudes. Todos estamos en el mismo lugar, en el borde del abismo con el que te topas al finalizar la carrera. Con algunos de ellos seguiré en clase el año que viene, a otros los veré de vez en cuando... pero siempre habrá alguien a quien no volveré a ver en toda me vida.
Y luego dicen que la vida no está repleta de etapas. Esto mismo que acabo de relatar me sucedió al acabar el instituto, cuando abandoné mi pueblo sin mirar demasiado atrás. Y también me sucedió el último día que fui a la escuela. Lo sé porque, casualmente, el otro día estaba viendo fotos en mi casa y me topé con una de ese último año de colegio (en 7º de EGB). Con mi corte de pelo Beatle (flequillo larguísimo incluido, apenas se me distinguen los ojos xP), un jersey OOC que me tejió mi abuela, una bolsa con libros... y la inseguridad de irme a un instituto al que no iban al resto de mis amigos...
*suspiro melancólico
Si es que ya lo dicen los ingleses. Easy come, easy go.