viernes, abril 29, 2005
Moongirl
Tengo la impresión de que últimamente mi reloj biológico está de lo más quisquilloso. Yo, que soy incapaz de coger un bebé en brazos y que desde que me pusieron en un seminario de ginecología un vídeo de un parto con incisiones para que salga el perolo del melondrón de turno incluidas... digamos que se me quitaron las ganas de tener zagales. Venga, no me miréis así, ya conocéis mi envergadura: ¿en serio creéis que de mi cuerpo canijillo puede salir una criatura? Pues pobre angelico, porque le aguardarían como poco dos o tres meses en la incubadora si yo no no reviento en el proceso... esta noche estoy poco fina, me temo.
Eso no quita que me encanten los críos. Como la mayor de toda mi familia, he criado a todos mis primos (y he intentado llevarlos por la senda del frikismo, aunque por ahora sólo lo he conseguido con Rafilla y ligeramente con mi prima malagueña mundialmente conocida como Hermione Malfoy) y me encanta hacerles de rabiar y jugar con ellos. Pero claro, a mí me acercan un bebé de meses para que lo coja y echo a correr (con lo inútil que soy seguramente acabaría el angelico en el suelo --U).
Pero ayer la cosa cambió drásticamente, no sé si si es que se me habrá adelantado el síndrome premenstrual o que estoy en proceso de reconciliación con mi instinto maternal, hasta ahora prácticamente inexistente.
La cuestión es que volvía yo al colegio después de una mañana bastante fructífera con mi usual sonrisa en los labios cuando hace buen tiempo y mi camiseta de Batman que me compré en el salón del cómic este año. Pasé al lado de la escuela que hay frente a mi colegio y me detuve en el paso de cebra... no porque sea lo lógico, que soy muy dada a sacar mi vena pueblerina y cruzar en rojo o por medio de la calle, sino porque pasaban muchos coches ^^U
Entonces, oí una dulce voz de pito a mi lado.
Voz: ¡Hola!
Miré a mi lado, y luego hacia abajo, y descubrí que la autora de la voz era una preciosa niña de unos cinco o seis años, rubita y con un vestidito de colorines. A su lado, el que supongo que sería su padre, un señor bastante popi y con corte de pelo beatle que llevaba la mochila rosa de su hija. Como yo soy educada y agradable por naturaleza, no tardé nada en devolverse el saludo a la nena, y acto seguido le saqué la lengua.
Niña (señalando mi camiseta): ¿Te gusta Batman?
Oh, dios mío. La niña estaba apelando a mi corazón friki. Y, sobre todo, tengamos en cuenta que eso se lo tienen que haber inculcado sus padres, porque no creo que fuera consciente de la última vez que se publicó una película de Batman en este país... A lo mejor su padre le lee los comics por la noche antes de dormir en lugar del Micho. Lo cierto es que en ese momento la habría secuestrado, así de claro. Asentí, por supuesto.
Ald: Claro, ¿y a ti?
Niña: ¡No! ¡A mí me gusta Spiderman!
Se lo perdoné, por supuesto. A una niña así se le perdona cualquier cosa v.v
Padre: Venga, Luna, déjala en paz...
Y encima se llama Luna. Madre de dios. Mi hermana, cuando era pequeña, tenía una amiga que se llamaba así, y su nombre me cautivó tanto (¿habrá alguien llamado Lluvia o Nube?) que me inspiró para escribir mi primer relato... Sonreí al padre, indicándole que no me molestaba que su hija me importunara... y el semáforo se puso en verde.
Me habría gustado quedarme a hablar con Luna, preguntarle de qué conoce a Batman y por qué le gusta Spiderman. Le habría preguntado si ha visto Harry Potter o si sabe quién es Darth Vader... pero me limité a revolverle el pelo y despedirme de ella y de su padre, quien me sonrió con cara de circunstancias (al parecer está más que acostumbrado a la socialidad de su hija).
La verdad, anécdotas como esa bastan para alegrarle a una el día...
Y ahora, llega la frase lapidaria que todos estábais esperando: Yo quiero tener una niña así.
Y fin del asunto (ya estoy oyendo vuestras carcajadas, mamonazos xDDD).
Aldery dixit 2:09:00 AM
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