jueves, septiembre 11, 2003

And the leaves are starting to fall!

Resulta extraña la manera que tiene el otoño de visitarnos, de sopetón, haciendo que despiertes un día y te des cuenta de que apenas quedan un par de semanas para volver al frío, al trabajo, a los madrugones y a la rutina. Es un cambio mucho más apreciable que el del otoño al invierno o el de la primavera al verano. Y también es mucho más repentino que el del invierno a la primavera (que sucede tan despacio que no eres verdaderamente consciente de que poco a poco vas quitando mantas de la cama y te vas deshaciendo de la ropa de abrigo...).
La llegada del señor otoño puede palparse más allá del frío que comienza a atravesar tu piel, haciendo que ésta pida a gritos ser cubiera por algún tipo de ropa. Puede palparse más allá del cielo que vuelve a ser grisáceo, o de las noches que llegan antes.
Es algo que se respira en el ambiente. De repente la gente deja de sonreír, y en vez de observarles dar paseos con su familia o amigos, a paso lento y entre risas; podremos verles corriendo. Al trabajo, a casa, al mercado, al ambulatorio, a la tienda de la esquina, al bar, a la peluquería... siempre apresurándose, y con la sonrisa completamente desvanecida de sus rostros. Las amistades se quedan en un simple "hola", "adiós", "¿qué tal el trabajo?". Ya no es "vamos a tomar unas cañas al bar de Pepe", "vamos esta noche a la terraza del pub X a echar unos cubatillas". Todo es "llego tarde", "tengo prisa", "no llego a fin de mes". Y es cuando llega el otoño cuando, después de los gastos veraniegos, la gente vuelve a desear que le toque la lotería. Y es cuando, después de la enorme cantidad de helados ingerida, la gente se pone a hacer dieta. Se acabó la piscina, el cine al aire libre, las terrazas de los bares, los paseos vespertinos y las canciones del verano (esperad, esto último es una verdadera alegría xD)
Sin embargo aquí hay algo que caracteriza al otoño y que no se puede ver en las grandes ciudades. Vivo en un pueblo de unos siete mil habitantes y, creedme, se nota perfectamente cuándo se cruza esa barrera entre el verano y el otoño. Como ocurre en la mayoría de los pueblos en verano, inexplicablemente se llenan de gente. Que si la familia entera de la tía Paca que vienen en coalición para evadirse durante un mes entero del ajetreo y el ruido de la ciudad... que si la típica pandilla veraniega que se junta todos los años para pasar la feria... que si todos los estudiantes universitarios (que estudian fuera de la politécnica que hay aquí, claro... que esto es un pueblo con pedigrí, ¡tenemos universidad!) que vuelven en verano para rascarse la barriga y/o estudiar... que si los típicos forasteros que antes vivían aquí pero luego se fueron a otra ciudad a encontrar trabajo pero siguen teniendo aquí una casa...
Toda esta gente, cuando comienza septiembre (y con ello los exámenes de recuperación, la selectividad y la vuelta al trabajo) simplemente desaparece. El pueblo se convierte en un espectro de sí mismo, con calles en su momento atestadas de gente, ahora llenas de recuerdos de pisadas sobre sus aceras.
Y creedme cuando os digo que no hay cosa que de más pánico que un pueblo muerto, un pueblo vacío. Salir a la calle después de quedar en casa de alguien para volver a tu humilde morada y no toparte con nadie; las calles desiertas, los establecimientos cerrados, los contenedores pulcramente apilados uno detrás de otro... y vacíos (es que aquí el camión de la basura pasa muy pronto). Da verdadero terror. Por eso comprendo a Amenábar cuando en "Abre los ojos" nos impactó con esa imagen de la Gran Vía completamente vacía. Es en estos momentos cuando lo que más deseas es sentir algún signo de vida que te devuelva a la realidad y te diga que no eres la única persona viva sobre la faz de la tierra (no, no he visto 28 días después y no tengo intención). Cualquier cosa, desde un perro vagabundo que corretea sin reparar en tu presencia, hasta el volumen de un televisor excesivamente alto que se oye desde alguna ventana.
Luego dicen que el otoño no es deprimente...

P.S.- Como podéis ver, la barrita horizontal de este blog ha desaparecido (¡¡bieeen!! Ragnar está muy contento ^^U), también he aprendido a usar css (indirectamente gracias a Adhi xD) y... tachaaaan... he cambiado el diseño de *SiGH*, así que los que ya estáis apuntad@s podéis ir a ver si gana con el cambio (o si queréis cambiar de botoncito). Y los que no, pero se sienten identificados con esta filosofía... sólo os cuesta un mail ;) (sí, ya sé que es publicidad barata y descarada, pero las dos son webs mías y puedo hacer lo que quiero xD)
P.S2.- Sí, ya sé que es 11 de Septiembre, pero supongo que también sabéis lo "bien" que me caen ciertos americanos (empezando por su presidente), así que si esperáis un post-homenaje, vais list@s ¬¬

Aldery dixit 3:03:00 AM

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